martes, 25 de marzo de 2014

Sobre el acto de viajar

Hace poco he vuelto del viaje más largo que he hecho en mi vida, y voy a aprovechar para intentar retomar la escritura y de paso resucitar un poco este blog-cuaderno de notas.

No quiero pararme a poner por escrito todos los detalles del viaje. Han sido muchas cosas visitadas y muchas anécdotas y aparte de que llevaría mucho tiempo y de que solo serviría para aburrir a cualquier lector perdido que asome por este rinconcillo mío, me da una pereza horrible hacer eso.

                Hoy quiero escribir sobre viajar, en general, sobre por qué me gusta viajar. Y mira que es raro que yo diga esto, con lo que a mi me gusta estar en casa con mi ordenador, mis libros y mi playstation. Pero es que viajar es algo necesario. Pocas cosas hay que te hagan ganar más experiencia de un golpe que tener que desenvolverte solo en un país donde no hablan tu idioma; y pocas cosas hay que te abran más la mente que visitar otros lugares y comprobar que allí también vive gente, y que ellos ven y viven la vida de forma diferente a como lo haces tú. En definitiva, viajar te hace crecer como persona.

                Cuando me pongo a echar la memoria hacia atrás me parece mentira. Hace poco apareció por casa una cajita que tenía donde guardaba cosas que quería conservar, y dentro estaba el billete de autobús de la primera vez que fui -bueno, me llevaron- a Madrid. Era de 2003. Quién le iba a decir a ese cateto de pueblo que alucinó al salir del metro en plaza Castilla y ver las torres Kio que casi once años después iba a estar peleándome por teléfono con una operadora, en inglés, para cambiar los billetes de avión porque una tormenta nos ha dejado, a mi y a la persona que me llevó a Madrid aquel día, aislados en una isla de la costa de Australia.

                Hay gente que no viaja porque le da miedo, o porque no sienten ninguna necesidad o curiosidad por salir de su zona de confort. Otros, creo que muchos, porque les falta el tiempo, el dinero, o las dos cosas. Yo creo que nunca he tenido espíritu aventurero, pero desde que lo probé la primera vez le he cogido el gustillo a visitar sitios que no conozco. Aunque a veces me queje, aunque los días antes de salir sienta angustia y me de pereza abandonar la comodidad del hogar. De todos los viajes se saca algo positivo; incluso cuando te pasan cosas desagradables, sacas la experiencia, el saber qué hacer o qué esperar cuando te pase algo parecido y la satisfacción y autoconfianza por haber sabido resolver una situación complicada.

                Tuve la suerte de poder viajar y residir en el extranjero durante mi doctorado, y ahora tengo la suerte de tener un trabajo que me obliga a viajar. Seguro que no diré esto dentro de dos semanas cuando me tenga que pegar 10 horas conduciendo para ir a Polonia a instalar uno de los cacharros que vende mi empresa, pero no me voy a quejar: gracias a esto he podido cumplir dos de mis sueños, que era ir a Japón y a Australia y dentro de poco tengo que ir a Canadá y a Corea. Sería un auténtico imbécil si me quejara porque me obligan a salir y ver mundo. Viajar me ha dado recuerdos y experiencias impagables: sentirme como una mota de polvo insignificante al ver cómo una tormenta lejana parte en dos el cielo y el horizonte mientras te llevan en una lancha rápida por el caribe atlántico desde isla Saona hasta Punta Cana; sentir el inmenso poder de la naturaleza al escuchar el atronador rugido del agua en las cataratas de Iguazú; las lágrimas de emoción en una aldea paupérrima de Misiones, Argentina, al ver la alegría de un niño enseñándole a su madre el paquete de galletas que le diste cuando te pidió dinero en la puerta del autobús; sentirte perdido en el galimatías del metro de Tokyo, en una estación por la que pasan al día 3 millones y medio de personas sin rozarse siquiera; caminar por la orilla del Sena pasando frío pero agarrando la mano de la persona a la que un día le prometiste que la llevarías a Paris; ver la puesta de sol en el cabo de San Vicente mientras imaginas galeones y batallas navales que solo has visto en libros; no poder parar de fotografiar el Opera House desde el ferry en el que estás cruzando la bahía de Sydney porque no te terminas de creer que estás allí, en la otra jodida punta del mundo. Y los que me dejo, y los que quedan por venir.

                Sirva este escrito como consejo para los escasos lectores extraños de este blog, y sobre todo para mi yo futuro si dentro de unos meses o años relee esto. Viaja. Viaja todo lo que puedas, que el mundo es muy grande y la vida muy corta. 

martes, 24 de septiembre de 2013

Impresiones tras mi viaje a Israel

Hace poco he tenido que ir a Israel por trabajo, y he podido fundar con razones la mala opinión que ya tenía de los israelíes. Llegué justo el día que Rusia y EEUU anunciaron el acuerdo para que Assad entregue las armas químicas, así que el tema político surgió durante la comida con mis clientes; y lo sacaron ellos, que conste. Varias cosas me llamaron la atención y me hicieron morderme la lengua durante la conversación (con un cliente no se discute, y menos sobre estos temas):

-El israelí de a pie realmente se siente amenazado todo el tiempo. Una de las personas con las que hablé vive en una zona en la que, según ella, reciben cohetes desde Gaza cada dos semanas. La cara de asco con la que habló de los palestinos lo decía todo. Seguramente esta persona quedó muy satisfecha cuando el ejército israelí hace un par de años asaltó unos barcos de organizaciones internacionales que pretendían llevar ayuda humanitaria (comida, medicinas y tal) hasta la franja de Gaza, rompiendo el bloqueo al que Israel tenía sometidos (no se si sigue) al millón y medio de personas que viven en apiñadas en ese minúsculo terreno. 

-Están muy orgullosos de su ejército, del que forman parte, porque en Israel el servicio militar es obligatorio para hombres (3 años) y mujeres (21 meses); y sobre todo de su nuevo sistema de protección anti-misiles, que detecta el lanzamiento de misiles desde Líbano, Cisjordania o Gaza y los intercepta antes de que lleguen a su objetivo. Tecnología bélica puntera, vamos. 

-A pesar de ese orgullo, se quejan de cuánto dinero les cuesta mantener esa seguridad que tanto necesitan. Miles de euros cada cohetito defensivo de esos, por ejemplo. Una de mis clientes se quejaba amargamente de esto, diciendo que le retenían casi la mitad de su sueldo bruto en impuestos que iban en su mayor parte destinados a pagar gastos militares, y que si no estuvieran continuamente en el punto de mira, no tendría que pagar tanto. Con esto lo que vino a decir es que la culpa de ella pague impuestos altos la tienen también los palestinos a los que su país no para de expropiar territorio año tras año. Ante esa afirmación no pude resistirme, y le repliqué que yo en Alemania también pago alrededor del  45% de mi sueldo bruto en impuestos y no tenemos a esos peligrosos musulmanes en la frontera, ante lo cual respondió algo confuso y cambió de tema.

-Ante mi comentario, intentando escapar un poco, de que la situación es compleja, y de que quizá hay facciones tanto judías como musulmanas, a las que no les interesa llegar a una solución pacífica, obtuve un contundente “ellos seguro que quieren seguir peleando, pero aquí todo el mundo solo quiere la paz”. A duras penas pude callar mientras asentía con la cabeza, aunque probablemente enarqué las cejas pensando en esos ataques “selectivos” israelíes para cargarse a supuestos terroristas durante los períodos de paz, y en cómo cada vez que en Israel hay elecciones casualmente se produce un “recrudecimiento del conflicto”.

-Mis dos clientes estaban indignadísimas con la actitud reticente a intervenir en la guerra civil siria de la comunidad internacional. Querían que EEUU atacara, a toda costa y contra cualquier bando: les daba igual que fuera contra los insurgentes radicales islámicos o para derrocar a Assad, lo importante era que allí no quedaran armas químicas que pudieran ser usadas contra Israel cuando acabe la guerra. Llegaron a afirmar que toda arma que quedara en Siria sería usada contra ellos más adelante, lo cual me sorprendió bastante. Les parecía indignante que ningún país europeo (salvo Francia) se mostrara con ganas de intervenir en el conflicto (cara de asco otra vez al referirse a los “pacifistas europeos”). Afortunadamente, después del silencio incómodo que siguió a eso, me di cuenta de que ya era hora de volver al trabajo y pude dar por terminada la conversación.

Todo esto solo vino a confirmar mi idea de que Israel intenta dar una imagen de víctima cuando ellos tampoco paran de putear a los palestinos con los que dicen querer llevarse bien, y de que parecen obviar algo evidente: que si todos los países de alrededor te tienen hincha es con motivos, carajo.

Evolución del territorio palestino desde la fundación del estado de Israel. Fuente: www.principiamarsupia.com

 Un país que se fundó de la forma que se fundó, con el historial de guerras con todos sus vecinos que tiene detrás, que no para de comerle terreno al pueblo que desplazó para invadir sus tierras, pasándose por el forro todos los tratados y convenios habidos y por haber, que ha usado armas químicas (esa línea roja que no se debe cruzar por la que iban a invadir Siria) contra los palestinos con total impunidad… ¿y te extrañas de que los países de tu alrededor quieran borrarte del mapa? Si no lo han hecho ya es porque no han podido o porque no los han dejado. Porque, no sé si por la cosa del “pobrecitos, después del holocausto les debemos algo” o no, la comunidad internacional (ONU) siempre ha mirado para otro lado, cuando no ha colaborado activamente, ante todos los atropellos cometidos por Israel (lo de cómo se hicieron con la bomba nuclear saltándose el tratado de no proliferación y engañando a los observadores es alucinante, y está muy bien explicado en este libro). Aparte del hecho de que tiene al primo de Zumosol, EEUU, siempre dispuesto a defender a ese primillo debilucho que es Israel: es un tocapelotas y siempre anda metiéndose en líos, pero lo necesitas porque tiene mucha pasta y contactos, y además te sirve para tener entretenidos a los chungos del barrio.

En fin, no me quiero extender más porque el tema es complejo y daría para hablar mucho. Y tampoco es plan de ponerme yo aquí a solucionar los problemas de Oriente Medio, que el embolao que tienen ahí montado entre unos y otros es épico. Pero que manda cojones tener que escuchar ciertas cosas.


Para que conste: no soy antisemita como los nazis, ni odio a los judíos ni nada parecido; pero sí estoy en contra del movimiento sionista y creo que la fundación del estado de Israel fue un gran error de terribles consecuencias políticas, humanitarias e históricas. 

viernes, 20 de septiembre de 2013

Por qué no soy cristiano

Esto es un extracto del prefacio de un libro que acabo de empezar a leer, "Por qué no soy cristiano" de Bertrand Russell. Promete ser interesante, cuando menos.

Creo que todas las grandes religiones del mundo —el budismo, el hinduismo, el cristianismo, el islam y el comunismo— son a la vez mentirosas y dañinas. Es evidente, como materia de lógica que, ya que están en desacuerdo, sólo una de ellas puede ser verdadera. Con muy pocas excepciones, la religión que un hombre acepta es la de la comunidad en que vive, lo cual hace obvio que  la  influencia  del  medio  es  la  que  le  ha  llevado  a  aceptar  la  religión  en  cuestión.  Es cierto que la escolástica inventó lo que sostenía como argumentos lógicos que probaban la existencia de Dios, y que esos argumentos, u otros similares, han sido aceptados por muchos filósofos eminentes, pero la lógica a que apelaban estos argumentos tradicionales es de una anticuada clase aristotélica rechazada ahora por casi todos los lógicos, excepto los católicos.  Hay  uno  de  estos  argumentos  que  no  es  puramente  lógico.  Me  refiero  al  argumento  del  designio.  Sin  embargo,  este  argumento  fue  destruido  por  Darwin; y, de todas maneras, sólo podría ser lógicamente respetable mediante el abandono de la omnipotencia de Dios. Aparte de la fuerza lógica, para mí hay algo raro en las valuaciones éticas de los que creen que una deidad omnipotente, omnisciente y benévola, después de preparar el terreno mediante muchos millones de años de nebulosa sin vida, puede considerarse adecuadamente recompensado por la aparición final de Hitler, Stalin y la bomba H.

La cuestión de la verdad de una religión es una cosa, pero la cuestión de su utilidad es otra. Yo estoy tan firmemente convencido de que las religiones hacen daño, como lo estoy de que no son reales.

El daño que hace una religión es de dos clases, una dependiente de la clase de creencia que se considera que se le debe dar, y otra dependiente de los dogmas particulares en que se cree. Con respecto a la clase de creencia, se considera virtuoso el tener fe, es decir, tener una convicción que no puede ser debilitada por la prueba en contrario. Ahora bien, si la prueba en contrario ocasiona la duda, se sostiene que la prueba en contrario debe ser suprimida. Mediante tal criterio, en Rusia los niños no pueden oír argumentos en favor del capitalismo, ni en Estados Unidos en favor del comunismo. Esto mantiene intacta la fe de ambos  y  pronta  para  una  guerra  sanguinaria.  La convicción  de  que  es  importante  creer esto  o  aquello,  incluso  aunque  una  investigación  libre  no  apoye  la  creencia, es común a casi todas las religiones e inspira todos los sistemas de educación estatal. La consecuencia es que las mentes de los jóvenes no se desarrollan y se llenan de hostilidad fanática hacia los que tienen otros fanatismos y, aun mas virulentamente, hacia los contrarios a todos los fanatismos. El hábito de basar las convicciones en la prueba y de darles sólo ese grado de seguridad que la prueba autoriza, si se generalizase, curaría la mayoría de los males que padece el mundo. Pero, en la actualidad, la educación tiende a prevenir el desarrollo de dicho hábito, y los hombres que se niegan a profesar  la creencia en algún sistema de dogmas infundados no son considerados idóneos como maestros de la juventud.

Los  anteriores  males  son  independientes  del  credo  particular  en  cuestión  y  existen igualmente en todos los credos que se ostentan dogmáticamente. Pero también hay, en la mayoría de las religiones, dogmas éticos específicos que causan  daño definido. La condenación católica del control de la natalidad, sí prevaleciese, haría imposible la mitigación de la pobreza y la abolición de la guerra. Las creencias hindúes de que la vaca es sagrada y  que  es  malo que las viudas  se  vuelvan  a  casar  causan un sufrimiento innecesario. La creencia comunista en la dictadura de una minoría de Verdaderos Creyentes ha producido toda clase de abominaciones.       


Se nos dice  a  veces  que  sólo  el  fanatismo  puede  hacer eficaz un grupo social. Creo que  esto  es  totalmente  contrarío  a  las  lecciones  de  la  historia.    Pero,  en  cualquier  caso, sólo los que adoran servilmente el éxito pueden pensar que la eficacia es admirable sin tener en cuenta lo que se hace. Por mi parte, creo que es mejor hacer un bien chico que un mal grande. El mundo que querría ver sería un mundo libre de la virulencia de las hostilidades de grupo y capaz de realizar la felicidad para todos mediante la cooperación, en lugar de  mediante la lucha. Querría ver un mundo en el cual la educación tienda a la libertad mental en lugar de a encerrar la mente de la juventud en la rígida armadura del dogma, calculado para protegerla durante toda su vida contra los dardos de  la prueba imparcial. El mundo necesita mentes y corazones abiertos, y éstos no pueden derivarse de rígidos sistemas, ya sean viejos o nuevos.

martes, 16 de julio de 2013

Todo cambia para que todo siga igual

Hoy charlando con un amigo, me ha hecho en plan jocoso la pregunta “¿...y qué, dimite Rajoy o no dimite?” , cuya respuesta inmediata ha sido “qué va a dimitir ni dimitir, ni él ni nadie...” . Esta simple conversación me ha provocado un aluvión de ideas y un subidón de bilis que tengo que soltar.

Y es que llevamos unos días (o unos meses, ya no tengo claro cuándo empezó todo esto) en que abrir el periódico y leer las noticias provoca una mezcla de ira, impotencia y tristeza que a nada que te descuides te arruina el día por completo. No sólo por ver toda la mierda que había debajo de la manta de la que ha tirado el cabronazo del Bárcenas (iba a llamarlo señor, pero no lo merece), eso ya nos lo olíamos desde hace tiempo. No sólo por ver con qué desfachatez siguen mintiendo, tratando de explicar lo inexplicable, sin dimisiones, con ruedas de prensa con sólo dos preguntas, manipuladas y leyendo la respuesta... casi hay que dar gracias que esta vez haya salido en persona en lugar de en una tele de plasma. No sólo por ver a una (teórica) oposición que hace dos días estaba haciendo pactos de colegas con este gobierno que ya se sabía corrupto y que ha tardado unos días de escándalo más en pedir explicaciones. No sólo por saber que ésto sólo ha salido a la luz porque el ala más radical del partido, liderada por Espe que ahora quiere aparecer como la única que está limpia (¿alguien se acuerda del Tamayazo o de los indicios de financiación ilegal del PP madrileño?), se ha decidido a asaltar el poder usando al imbécil de Pedro J., su periódico y sus ansias de poder decir que él tumbó un gobierno; todo por supuesto sin escisiones en el partido, todo con indirectas, con puñaladas por la espalda, pero sin hablar abiertamente contra el líder... ya se sabe, prietas las filas...

No, después de todo eso, lo que más me mosquea es cuando ves los comentarios de esas noticias en las webs, o en twitter, de gente de la calle que todavía sigue defendiéndolos, convencidos de que todo es mentira y de que son los únicos que nos pueden sacar de la crisis. Alucino, de verdad. En la última encuesta de intención de voto el PP seguía sacando unos 8 millones y pico, y el PSOE creo recordar que unos 5. Esa gente ¿que tiene en la cabeza?, ¿de verdad hay tanta gente que no razona? Les hablas de los recortes, todo culpa de ZP, les hablas de lo de Bárcenas, y responden que qué hay de los EREs. No hay nada que hacer.

Una excompañera de Córdoba, más o menos a mitad de su tesis, ya se está viendo en la tesitura de tomar una decisión: ir buscando dónde emigrar o quedarse y luchar para cambiar las cosas, aunque sea montando una granja de pollos. Me decía el otro día que cada vez hay más cosas que la empujan a irse fuera, y que cuanto más la empujan más coraje le da y más motivos para quedarse y formas de hacerlo busca. Decía también que si nos vamos todos, cómo cojones van a cambiar las cosas alguna vez, y lleva su parte de razón, pero ante eso yo me pregunto dos cosas:

1- ¿Realmente tenemos poder para cambiar algo? Yo puedo indignarme mucho, y firmar una petición para nosequé (motivos no faltan), o incluso salir a la calle a una manifestación, o hacer una sentada en el congreso, o en Génova 13 o donde sea, pero luego el gobierno se pasa las firmas por el forro, disuelve la manifestación y la sentada a hostias, y sigue haciendo lo que le sale de los huevos todavía apoyado por millones de tontos útiles, una parte significativa de los cuales a su vez se indignará con los que protestamos, diciendo que somos peligrosos comunistas antisistema y que deberíamos irnos a Cuba.


2- Al hilo de la primera y no menos importante: ¿merece la pena luchar por esa gente? Estoy cansado de ver a gente que no quiere quitarse la venda de los ojos, gente que no se informa, no lee, gente para los que el peligroso eres tú, que te crees que lo sabes todo. Son tantos los cambios que hay que hacer que es imposible hacerlos en lo que dura una vida, sobre todo sin que haya un cambio en la actitud de esa gente y al menos quieran quitarse la venda. Y ese cambio de actitud tendría que venir gracias a la educación, esa misma educación que vienen vapuleando desde hace 20 años, así que no soy muy optimista respecto a eso.

No se puede pretender que esos chavales que salen del instituto con las peores notas de Europa en los test de comprensión lectora, esos padres que sólo leen el Marca y esas madres adictas al Sálvame, se pongan de repente a estudiar historia. Y sin saber un poquito de historia es difícil poner las cosas en perspectiva y darse cuenta de que toda la mierda que nos estamos comiendo ahora no es culpa de Rajoy, ni de ZP ni del bigotitos, sino que es producto de una serie de circunstancias socio-políticas; unas locales: un retraso socio-cultural fraguado desde hace siglos, y otras internacionales que están bastante fuera de nuestro control.

Las circunstancias internacionales tienen un nombre: globalización. Los mercados ahora son globales, puedes comprar cosas hechas en China por una décima parte de lo que cuesta hacerlas aquí. Las empresas “deslocalizan” su producción y se la llevan a países donde los trabajadores cobran una miseria. Y todo esto, lógicamente, hace peligrar el “estado de bienestar”, o sea, el tener un sueldo digno, una seguridad social y una jubilación, en todo el mundo occidental.

Con respecto al retraso socio-cultural, sólo un par de apuntes históricos rápidos. Mientras en Europa florecía el humanismo y el arte durante el Renacimiento, aquí nos fuimos a América a “cristianizar” indígenas a la fuerza (la cruz o la hoguera) y a robarles su oro. Luego conquistamos medio mundo, y nos dedicamos durante un par de siglos a gastarnos todo ese oro combatiendo a los enemigos de la religión católica, principalmente luteranos, calvinistas y anglicanos, en lugar de dejarlos vivir y emplear la pasta en desarrollar avances tecnológicos que permitieran conservar la supremacía económica. Pero claro, siempre había un cura soplando en la oreja del rey de turno. Más tarde, mientras en Europa aparecía el movimiento de la Ilustración y el pensamiento científico daba sus primeros pasos, aquí nos dedicamos a matarnos unos a otros, con lo cual la Ilustración llegó tarde y mal. Luego nos invadió Napoleón, y en la guerra de independencia se mató o se desterró a casi toda la élite intelectual, por afrancesados aunque no lo fueran, y a los que quedaron se los cargó al poco de volver Fernando VII, rey que había abdicado en Napoleón y al que el pueblo volvió a coronar al grito de “vivan las caenas”.

No haría falta decir más, porque esa frase resume todo y porque ya se ve que la cosa viene de lejos, pero ya acabo el repaso. Después de esto, mientras en Europa se daba la revolución industrial, aquí nos volvíamos a desangrar en guerras internas como las carlistas, pronunciamientos militares, y tensiones políticas internas varias. Todo ello hizo que perdiéramos el tren de la industrialización, que sólo llegó moderadamente a Cataluña y el País Vasco, y quedamos convertidos básicamente en un país tercermundista con una élite social (nobles, militares y demás gente con posibles) que pensaba que seguía teniendo un imperio, y que se dio una hostia tremenda con la realidad cuando se perdió Cuba y se llevó la puntilla con el desastre de la guerra de Marruecos. Y luego, entre otras cosas y por resumir, la Guerra Civil, en la que la élite intelectual volvió a ser asesinada o desterrada, y los 40 años de nacional-catolicismo y dictadura: mientras Rusia y EEUU ponían satélites en órbita y conquistaban el espacio, Franco hacía pantanos y los españoles emigraban con una boina, un cinturón de cuerda y una maleta de cartón a trabajar de mano de obra barata en la reconstrucción de Alemania, para convertirla en la potencia que es ahora. Luego vino la transición, en la que la élite franquista se integró a regañadientes en una democracia que se aseguraron de controlar, como efectivamente estamos comprobando ahora. Tuvieron su periodo de adaptación y sus deslices, por ejemplo en los 80 cuando se universalizó la educación y se permitió que hijos de obreros parias como yo tuvieran acceso a la universidad. Pero claro, ya se aseguraron después de no crear puestos de trabajo que requieran estudios, con lo cual nos vemos forzados a marchar al extranjero -por mucho que diga González Pons- a producir riqueza y pagar impuestos. Todo el dinero gastado en nuestra educación ¿para qué? Solución que han encontrado: menos educación para todos y universidad sólo accesible para los ricos, en vez de buscar la forma de crear puestos de trabajo cualificados. Todo cambia para que todo siga igual: ya no llevamos maleta de cartón, llevamos un doctorado, pero el poder lo siguen teniendo los mismos hijos de puta de siempre, los que hacen todo lo posible por mantener esa masa de tontos útiles que les aplauda todo. Esa masa que grita ¡Vivan las caenas!

sábado, 6 de julio de 2013

El pueblo de la princesa


  Hoy me ha pasado algo que es para reirse y para cortarse las venas a la vez. Todo empezó esta mañana cuando compartí por twitter el enlace a la última entrada de uno de mis blogs favoritos, Mi mesa cojea:




En el artículo habla, con su personal estilo, de la decadencia de la televisión y del circo repleto de payasos en el que se ha convertido, y como se puede ver, en el título aparece La Innombrable. Cuál no fue mi sorpresa cuando al rato recibo una mención en respuesta:






Me dije: “ya la he liado”. ¿Se habrá creído que he escrito yo el artículo? Luego me fijé bien en quién había respondido, y no podía salir de mi asombro. ¿Una cuenta-club de fans de La Innombrable? ¡Y con un blog y todo! El hecho de que existe gente que siga las andanzas televisivas de ese ser de ojos saltones es, desgraciadamente, conocido. Hostias, pero es que hay algunos que incluso dedican tiempo y esfuerzo a hablar sobre ella y defenderla en este mundillo virtual. Pero bueno, eso sólo me hizo perder algo más de fe en la humanidad. Lo que más me sorprendió fue que a esta gente les queden neuronas suficientes para usar un ordenador, y escribir algo medio inteligible y sin demasiadas faltas de ortografía. Se ve que el comentario le pareció de lo más ingenioso, porque se había dedicado a responder exactamente lo mismo a todos los que habíamos twiteado ese artículo esa mañana:






No había ingenio para tanto twit, pero al menos queda probado que su cerebro le da para dominar la técnica “copiar+pegar” en alguna de sus variantes y luego quitar caracteres aquí y allá para no exceder el límite de los 140; un caso digno de estudio. Después de esto, y en un arrebato pasajero de masoquismo, indagué un poco en los twits de esta individua y me encontré con esto:





La conversación contiene un twit incompleto que, creo, enlazaba con esto:



Lo que me molesta de todo esto es ese tono despectivo con el que dice “intelectualillos”, que suena casi a insulto. Hija, es que al lado de gente como tú es tan jodidamente fácil parecer un intelectual... ¿eso es lo que te jode? Siempre estás a tiempo de apagar la tele, volver a la escuela y aprender a leer y escribir correctamente. Lo demás ya viene solo.
Y luego manda a los “intelectualillos” a “arreglar el país ya que saben tanto”. Esto ya es para mear y no echar gota. Como si saber tanto fuera algo malo. Así a bote pronto se me ocurrió algo que no sería una mala forma de empezar a arreglar el país: desterrar a tu adorada “Be” y a todos sus colegas, junto con todos los “grandes hermanos” y los participantes del programa ese de Chulos, Fulanas y Viceversa; y por supuesto a toda su legión de seguidores con encefalograma plano, tu la primera, que desprecian a cualquiera cuyos intereses vayan más allá de pasarse el día estupidizándose frente a la tele o discutiendo sobre las banalidades que ven en ella. Si consideras que hay gente con un nivel intelectual (si es que tal cosa existe) superior al tuyo, lo menos que puedes hacer es respetarlos. Y si su existencia te hace sentir mal, solo tienes que intentar parecerte a ellos dentro de tus posibilidades. Pero claro, para eso hay que empezar por apagar la tele, y no se le pueden pedir peras al olmo...

Mención aparte merece el comentario de la tal Marillac. Es difícil de entender por la mala sintaxis, y tiene faltas de ortografía que hacen sangrar los ojos, pero viene a decir que el haber compartido ese artículo de Mi Mesa Cojea es signo de que no sé qué rumbo tomar en la vida (¿?), que estoy desperdiciando mi cerebro (habló de putas, la Tacones), y que no se distinguir la realidad debido a mi fustraccion. Chsst, eh: FUSTRACCION!!! Eso no tiene pinta de ser un error tipográfico eh? Hay que joderse...

En fin, mi cerebro no, pero algo de tiempo si que he desperdiciado escribiendo sobre toda esta mierda. Y oye, me he quedado a gustísimo...

miércoles, 19 de junio de 2013

Soñando utopías

Hace tiempo que no escribo nada. Y es curioso, porque la idea cuando hice el blog era que sirviera para poner en orden mis ideas, poder desahogarme y dar salida a toda la mala leche que se me forma dentro cuando leo ciertas noticias, y si se tercia, compartir algunas cosas que me llamen la atención y me parezcan dignas de ello. Últimamente no me han faltado motivos (sobre todo por lo de soltar mala leche, de esos hay demasiados), y hay varias ideas cociéndose, esperando sólo a que tenga ánimo para sacar tiempo para ponerlas negro sobre blanco.

Pero hoy, mientras eso ocurre, me gustaría dejar aquí un extracto de un texto de Eduardo Galeano que alguien me pasó hace mucho tiempo y que he reencontrado por casualidad rebuscando en archivos viejos y olvidados. Hoy era uno de esos días en los que uno se levanta enfadado con el mundo, sin un motivo concreto, y leer esto me ha ayudado a reconciliarme un poco con la humanidad y conmigo mismo. Los subrayados son míos:

Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible:
El aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones.
En las calles, los automóviles serán aplastados por los perros.
La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor.
El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o en la barrocas.
La gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar.
Se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir no más, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega.
En ningún país irán presos los muchachos que se niegan a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo.
Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas.
Los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas.
Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos.
Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.
La solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo.
La muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero.
Nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene.
El mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra.
La comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos.
Nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión.
Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle.
Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos.
La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla.
La policía no será la maldición de quienes no pueden comprarla.
La justicia y libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda con lonja espalda.
Una mujer negra será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será presidenta de los Estados Unidos de América, una mujer india gobernará en Guatemala y otra, Perú.
En Argentina, las locas de la plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar el los tiempos de la amnesia obligatoria.
La Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo.
La iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: "amarás a la naturaleza, de la que formas parte".
Serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma.
Los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar.
Seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importe ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo.
La perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses, pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero.”

            Habrá quien diga que todo esto suena muy naif y muy utópico, que es un sueño imposible y tal. A esos hay que contestarles con otra cita del mismo autor:

            “La utopía está en el horizonte.
Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos
y el horizonte se corre diez pasos más allá.
¿Entonces para qué sirve la utopía?
Para eso, sirve para caminar.”
            Y tú, ¿qué futuro imaginas?


martes, 28 de mayo de 2013

Jueces al rescate

Acabo de ver la entrevista que ayer le hizo Jordi Evole al juez Gómez Bermúdez en su programa de La Sexta. Pongo el enlace aquí para el que lo quiera ver (porque no se cómo insertarlo como vídeo en el post, no se si es legal, y ahora mismo no tengo ganas de pararme a averiguar ninguna de las dos cosas, la verdad).


Para el que no lo sepa, este fue el juez que instruyó la causa de los atentados del 11M, la del YAK-42, ha sido presidente de la Audiencia Nacional hasta hace poco, y el juez que (dicen) el PP ha intentado evitar a toda costa (y se han salido con la suya) en el tema de los papeles de Bárcenas. La verdad es que la entrevista me ha sorprendido muy gratamente. El hombre parece una persona cabal, bien formada e informada, y creo que no se ha cortado ni un pelo y ha respondido lo que realmente pensaba a las preguntas del entrevistador. Cosa bastante poco habitual en estos tiempos que corren.

Esta entrevista me ha hecho recuperar un poco de fe en los jueces, y en la teórica separación de poderes. En un país donde ya estamos acostumbrados a que haya jueces etiquetados como "conservadores" y "progresistas", y donde se habla abiertamente de cómo los dos grandes partidos se reparten sus nombramientos en todos los tribunales, donde estamos hartos de ver tejemanejes y trapicheos para que Fulano no sea imputado o para que se archive la causa contra Mengano... escuchar hablar a este hombre, junto con otros hechos acaecidos recientemente, como el empeño del juez Castro por imputar a la infanta tratando de hacer un poco real eso de que todos somos iguales ante la ley, le hacen a uno tener un poquito de esperanza. Porque como bien dicen en la entrevista, los jueces son la última esperanza del ciudadano frente a los abusos de los poderosos: en un país donde los jueces están totalmente manipulados, estás vendido.

Mención aparte merece un tema que le han sacado en la entrevista, y es el de los "jueces estrella", en clara referencia a Garzón. Parece que todo el mundo tiene a este hombre en la piqueta porque, dicen, le gustaba demasiado salir en los telediarios y en los titulares de prensa. Y yo digo, ¿cual es el puto problema? Mientras el hombre haga bien su trabajo y meta a los malos en la cárcel por mi puede llamar a la prensa cada vez que pise la calle, como la Pantoja... Oye y si el tío ha sido felicitado y odiado a la vez por PP y PSOE (el PP lo quería mucho por lo de los GAL y cuando perseguía etarras como un bulldog, al PSOE empezó a caerle bien con lo de Pinochet y les dio la alegría padre con la Gürtel) es porque estaba haciendo las cosas bien. Hasta que le quiso meter mano al franquismo, que ahí ya tocó demasiado la fibra y... bueno, ya sabemos cómo acabó. Por cierto, Evole también le hizo una muy buena entrevista, para el que le interese.

Por último me gustaría comentar un poco otro momento del programa donde aparece Pedro J. Ramírez (para los menos informados, el director del periódico El Mundo) atacando directamente a este juez por la sentencia del 11M. Hay 16 jueces convencidos de que ETA no tuvo nada que ver con los atentados, pero el tipejo este sigue erre que erre con la puta teoría de la conspiración. 16 jueces, pero sólo ataca a este; se ve que no le gustan los calvos al hombre. No duda en mentir y manipular lo que haga falta (y siendo director de periódico puede mentir y manipular mucho) para vender más periódicos y para que la gente se trague su versión de todo, para hacer que él se sienta importante. Y todo sabiendo que mentiras de ese calibre desde el medio que controla, pueden hacer mucho daño a la sociedad. En fin, que lleva tiempo haciendo méritos para que lo saque de mi lista de gente a la que habría que arrojar en mitad del océano en una balsa hinchable pinchada -en la que estaba junto a personajes tan variopintos como Melendi, Coti, la familia real, o todos los comentaristas deportivos de Cuatro, entre muchos otros-, y lo ponga en mi (mucho menos concurrida) lista de gente a la que habría que meter la cabeza en un cubo lleno de su propia mierda y no sacarla hasta que deje de patalear, en la que estaría muy bien acompañado por su colega Fede Jiménez Losantos y por "monse" Rouco Varela y todos sus amiguetes de la conferencia episcopal.